Vivo encadenada
a un mundo sin piedad,
donde los sueños yacen rotos
junto a mi libertad...
En un mundo en el que no puedo hablar,
sólo mis ojos han de clamar
el perdón de mi alma
y mi tan amada libertad...
Pero las cicatrices han dejado
una huella por las cadenas
y aunque mi alma muera
eso será lo único que la detenga...
Porque hasta una lágrima
puede perturbar nuestro ser...
Y cuando son cadenas de palabras
el dolor puede hacer fallecer...
Cada cadena que me han puesto
mi ser ha marcado,
mis llagas se han expuesto
y la tristeza me ha inundado...
Mientras más cadenas me ponen,
mi ser va muriendo cada día,
mi felicidad se ahoga en ellas...
Y los demás ni se dan cuenta...
